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By Màxim Huerta

«Al señor Dominique Brulé le gusta llegar de noche a su floristería. Siempre cierra los ojos antes de encender las luces y les da un tiempo a sus plantas para que se coloquen porque imagina que han estado toda l. a. noche mezclándose unas con otras. Nunca las pilla en movimiento, un día sucederá. Cuando inauguró l. a. tienda pensó encerrarse y dejarse morir, pero al ver que las tímidas siemprevivas sobrevivían sin agua después de semanas sin atención alguna, se dio cuenta de que él también podría vivir sin su amor».L’Étoile Manquante, los angeles floristería del señor Dominique, es el lugar preferido de Mercedes y Tilde, dos españolas que llevan más de cuarenta años trabajando en Francia. Las dos creen que están solas, porque a Mercedes l. a. abandonó su marido nada más cruzar l. a. frontera y Tilde no fue capaz de encontrar a quien l. a. quisiera. Un buen día, se instala en sus vidas un huracán encarnado en los angeles joven Violeta, que llega de Madrid huyendo de un amor que se empeña en perseguirla.

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Lamento no haber estado todo este tiempo. Mi hija habrá necesitado mil cosas. Solo teníamos su cuenta corriente con dinero. Ya sabes. Pero… Quiero decir, soy su padre y no me he comportado como padre. Pero Viole es así, fuerte. Tenaz y algo rígida con sus asuntos. Y siempre ha sido un poco rebelde. Ya sabrás. Imagino que… Tú… Me miró con fijeza, eran los ojos de un padre nervioso. Y lo entendí perfectamente. —Sí, l. a. quiero. Me esforcé porque se oyera desde dentro. —Me alegro. No sé qué decir. —Lo entiendo. —Me preocupo y estoy feliz. Pero no sé cómo decirlo. Me tendió l. a. mano como si deseara cerrar un trato typical. Quizá quería palpar las palabras que acababa de decir. Tal vez nunca había hablado mucho con su hija, pero l. a. quería. Quizá fuera los angeles edad, quizá que los padres a veces hablan menos con sus hijos, quizá que las madres no dejan terreno, quizá que los hombres venimos al mundo con una tara. Quizá fuera simplemente que l. a. vida actual no tiene guion ni narrador. Pasa. Y no te das cuenta de eso, de que pasa. Acepté un segundo cigarrillo con l. a. inspiration de que fuera una buena manera de que sintiera que no solo quería a su nieto y a su hija, sino que estaba encantado de conocerles a ellos. —Madrid te gustará. Aquí podéis venir cuando queráis. Hoy mismo os damos unas llaves. Y así fue. Levanté los angeles mirada. Violeta estaba de pie con nuestro hijo en brazos. —Cógele. Una mano y otra, diferentes, se entrelazaron para intercambiarnos al pequeño. Me period imposible abrazarlo sin emocionarme. Violeta lo sabía. Quería que sus padres me vieran llorar. O quería ella verme conmovido. Todo ese sudor del niño y el olor a colonia fresca se mezcló con mis lágrimas. Tragué saliva. �Qué sencilla es l. a. vida a veces», pensé mientras me recolocaba al niño en brazos. Ganaba terreno, pero a ella le gustaba. No había más. Éramos una familia en un balcón de un edificio, en una gran ciudad. Pero period el centro del mundo. Entonces reconocí l. a. felicidad. Miré sus dedos minúsculos, las uñas perfectas, los pies bailando en mis rodillas, agitados como un ventilador, l. a. sonrisa y dos hoyuelos que le hacían el niño más guapo del universo. —Ha salido a ti. Es igualito que tú. —¿Verdad, mamá? —asintió Violeta, mirándome. Mi propio corazón latía desbocadamente y me dejé llevar por las sonrisas. Violeta repitió las palabras de su madre: �Ha salido a ti, Étienne, es igualito que tú». Miré a Viole y vi que susurraba un �Te quiero» en voz baja. no longeré l. a. mano de mi padre en el hombro. Y los angeles de mi niño acercándose a mi barba. —Oh, querida Viole. Voy a por tus fotos. Verás, Étienne, cómo period ella de pequeña. Salió con tanto pelo, period un peluche. l. a. podíamos peinar desde que nació. —Por want, mamá. No es necesario. —Sí, sí. Sí que es necesario. Que te vea él. —Debería haberlas roto. —Ya me he encargado yo de guardarlas con cuidado. Que te conozco. —Casi a pesar de sí misma, Violeta se echó a reír. Poco después, l. a. madre estaba en l. a. terraza con un álbum amarillento en el que los angeles preciosa Violeta jugueteaba con una pelota en mil posiciones. Corría con un triciclo. Posaba con dos coletas en los angeles escuela.

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